En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

"Desconocer la Escritura es desconocer a Cristo"(s. Jerónimo)



Como hemos dicho en un artículo anterior, septiembre es el mes de la Biblia por san Jerónimo que celebramos hoy 30 de septiembre. Es por esto que en este día ofrecemos a ustedes, las dos últimas partes sobre estos elementos básicos, para una mejor comprensión de la Biblia.


¿Cómo se formó la Biblia?. El Canon.

Tomaremos un nuevo aspecto para entender la Biblia. Recapitulemos lo que hemos avanzado hasta ahora: Primero vimos criterios básicos de lectura bíblica, después vimos el autor sagrado y la inspiración.

Ahora veremos el “Canon” de la Sagrada Escritura. Se entiende por Canon, el catalogo o lista de libros que contienen los preceptos de la fe. En ocasiones escuchamos quienes dicen seguir sólo la Biblia, dejando a un lado las Iglesias en general. Ante esto no podemos preguntar: ¿Quién determinó que libros entran al “canon” de la Biblia?. El Espíritu Santo guió a la Iglesia a la fijación del canon. Un libro es canónico porque la Iglesia lo reconoce inspirado por Dios. (como estudiamos antes).

El Canon es, entonces, el conjunto de libros inspirados y que contienen por tanto la revelación histórica de Dios en Jesucristo, la verdad de Dios revelada para nuestra salvación. Por lo que la Iglesia custodia este depósito de la fe, a través de los siglos, con altos y bajos, por medio de la Tradición y del Magisterio.

La interpretación de la Biblia

Daremos finalmente algunas pinceladas sobre la interpretación bíblica, después de el recorrido hecho hasta ahora.

Los principios de la interpretación bíblica católica, se encuentran en la Dei Verbum (documento del Concilio Vaticano II). Ahí se nos dice, que: Dios ha hablado en la Sagrada Escritura por hombres y a la manera humana, por lo que hay que entender los géneros literarios usados. Además la Sagrada Escritura hay que leerla e interpretarla en el mismo Espíritu en que fue escrita, por lo que hay que poner atención al contenido y a la unidad de toda la Escritura, teniendo en cuenta, además, la Tradición viva de toda la Iglesia.

La Biblia, entonces, la entendemos como Palabra de Dios, pero también como palabras de hombres, que inspirados por Él nos han transmitido el mensaje de Salvación, especialmente en la Revelación de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor y Redentor.

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