En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

sábado, 22 de mayo de 2010

Espíritu Santo, renueva nuestra Iglesia


Hch 2,1-11; Sal 104,1.24.29-30.31.34; 1Cor 12,3-7.12-13; Jn 20,19-23

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!". Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor. Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan".
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Este domingo celebramos con gran alegría la solemnidad de Pentecostés (cincuenta días después de la Pascua del Señor), la venida del Espíritu Santo sobre los discípulos, es decir, sobre la Iglesia. Se nos presenta para nuestra reflexión el texto de Juan, de la aparición de Jesús en medio de los suyos.

Es un texto lleno de signos, que nos hacen pensar en la vivencia cristiana de cada uno de nosotros y de la Iglesia toda. Pentecostés es la fiesta de la Iglesia, del nacimiento de la Iglesia, el grupo de seguidores de Jesús reciben el Espíritu Santo y movidos por él, son enviados a proclamar la buena noticia del evangelio de Jesús Resucitado.

Un primer elemento que nos puede ayudar en la reflexión, es el comienzo del texto, que nos da cuenta de cómo están los discípulos: con las puertas cerradas, por temor. Nos debe hacer pensar en las muchas veces en que como Iglesia, cerramos nuestras puertas y nuestros corazones, por temor, temor al mundo, temor a hacer el bien. También cada uno de nosotros podemos cerrar nuestras vidas, a los demás y a la acción del Espíritu en nosotros. Pero el cambio, la renovación no viene de nosotros, es Jesús quien traspasa nuestras barreras, y abre nuestros corazones estrechos. Él es quien agranda nuestro corazón para que podamos recibir el Espíritu Santo y nos sale al encuentro, así como lo hizo con los discípulos.

Esto cambia el rumbo y el comportamiento de ellos, dice el texto que los discípulos se llenaron de alegría, cuando vieron al Señor. El encuentro con Jesús Resucitado, plenifica la vida de cualquier persona. Por eso la alegría es un signo característico del cristiano, pero es una alegría interior, que viene de la convicción de algo que no le será arrebatado: la fe, la esperanza y el amor.

El Señor sopla sobre sus discípulos para darles el Espíritu Santo, es a través de Jesús que la comunidad eclesial recibe la fuerza del Espíritu, que es a su vez autoridad para perdonar o retener los pecados, que Jesús entrega a su Iglesia. No perdamos la confianza en la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, más allá de los pecados e impurezas que existen en ella como institución humana, debemos tener fe, de que la Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, que está guiada por el Espíritu que sopla y sigue soplando para purificarla y liberarla, renovándola desde lo profundo, de manera que podamos convertinos cada día más al Evangelio.

Feliz Pentecostés

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