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sábado, 12 de noviembre de 2011

Dios confía en nosotros


Evangelio según San Mateo 25,14-30.

El Reino de los Cielos es también como un hombre que, al salir de viaje, llamó a sus servidores y les confió sus bienes. A uno le dio cinco talentos, a otro dos, y uno solo a un tercero, a cada uno según su capacidad; y después partió. En seguida, el que había recibido cinco talentos, fue a negociar con ellos y ganó otros cinco. De la misma manera, el que recibió dos, ganó otros dos, pero el que recibió uno solo, hizo un pozo y enterró el dinero de su señor.

Después de un largo tiempo, llegó el señor y arregló las cuentas con sus servidores. El que había recibido los cinco talentos se adelantó y le presentó otros cinco. 'Señor, le dijo, me has confiado cinco talentos: aquí están los otros cinco que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, le dijo su señor, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'. Llegó luego el que había recibido dos talentos y le dijo: 'Señor, me has confiado dos talentos: aquí están los otros dos que he ganado'. 'Está bien, servidor bueno y fiel, ya que respondiste fielmente en lo poco, te encargaré de mucho más: entra a participar del gozo de tu señor'.

Llegó luego el que había recibido un solo talento. 'Señor, le dijo, sé que eres un hombre exigente: cosechas donde no has sembrado y recoges donde no has esparcido. Por eso tuve miedo y fui a enterrar tu talento: ¡aquí tienes lo tuyo!'. Pero el señor le respondió: 'Servidor malo y perezoso, si sabías que cosecho donde no he sembrado y recojo donde no he esparcido, tendrías que haber colocado el dinero en el banco, y así, a mi regreso, lo hubiera recuperado con intereses. Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez, porque a quien tiene, se le dará y tendrá de más, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene. Echen afuera, a las tinieblas, a este servidor inútil; allí habrá llanto y rechinar de dientes'.
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Este domingo la Iglesia celebra el último domingo del tiempo ordinario. Y lo termina con el relato de la parábola de los talentos. Como en todas las parábolas, Jesús nos va clarificando la imagen de Dios y de su Reino. Primero porque el Señor de la parábola es un hombre que confía a sus servidores su bienes mientras está fuera, es verdad que el texto habla de que son servidores, y aún así de la responsabilidad sobre sus bienes. También nosotros debemos ser siervos del Señor, dispuestos a cuidar de sus bienes.

Muchas veces se ha interpretado ésta parábola, pensando en los talentos entregados como capacidades, sin embargo el texto dice que los talentos se entregan según las capacidades de cada uno, es decir las capacidades están. Los talentos eran una moneda de la época de Jesús. El Reino de Dios es un don gratuito que Dios nos regala, pero sin embargo exige de nosotros trabajo y esfuerzo. Dios nos exige según nuestras propias capacidades.

Lo segundo que nos muestra la imagen de Dios en ésta parábola es la promesa que hace al servidor bueno y fiel, que por ser fiel en lo poco se le encarga mucho más, y se le invita a participar del gozo del Señor. Todo nuestro actuar debe estar basado en la confianza en Dios, Él no es un déspota, ni un patrón avaro, sino que es ternura y bondad. Piensa en el bien de todos sus hijos y da a cada uno según sus capacidades. El más grande de los bienes es su propio Hijo: en Él nos entregó un tesoro vivo que no puede ser escondido. Es así como un discípulo no puede permitirse esconder la lámpara hacerla brillar para bien y provecho de todos. Dios confía en nosotros confiemos también nosotros en Él.


sábado, 5 de noviembre de 2011

¡Estemos despiertos!


Evangelio según San Mateo 25,1-13.

Por eso, el Reino de los Cielos será semejante a diez jóvenes que fueron con sus lámparas al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran necias y cinco, prudentes. Las necias tomaron sus lámparas, pero sin proveerse de aceite, mientras que las prudentes tomaron sus lámparas y también llenaron de aceite sus frascos.

Como el esposo se hacía esperar, les entró sueño a todas y se quedaron dormidas. Pero a medianoche se oyó un grito: 'Ya viene el esposo, salgan a su encuentro'. Entonces las jóvenes se despertaron y prepararon sus lámparas. Las necias dijeron a las prudentes: '¿Podrían darnos un poco de aceite, porque nuestras lámparas se apagan?'. Pero estas les respondieron: 'No va a alcanzar para todas. Es mejor que vayan a comprarlo al mercado'.

Mientras tanto, llegó el esposo: las que estaban preparadas entraron con él en la sala nupcial y se cerró la puerta. Después llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor, señor, ábrenos', pero él respondió: 'Les aseguro que no las conozco'.

Estén prevenidos, porque no saben el día ni la hora.
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Mucho se habla de la posibilidad de fin del mundo y de cómo va a suceder este acontecimiento. Esto puede producir miedo y angustia en muchas personas, y en otras indiferencia e incredulidad. Los cristianos debemos preguntarnos que nos dice el Señor con respecto a esto. El texto del evangelio de este domingo, nos recuerda aquella parábola de Jesús de las vírgenes prudentes y de las vírgenes necias, que esperaban al novio con sus lámparas de aceite, unas llevaban el aceite suficiente para la espera y las otras no.

El texto nos invita a tener una actitud de esperanza, y de vigilancia en la vida, porque nadie sabe ni el día, ni la hora. Esperanza, porque sabemos que Dios nos quiere salvar, y que con su sacrificio en la cruz y su Resurrección nos ha regalado esa redención. Por eso que la actitud del cristiano no debe ser de miedo, ni de angustia frente a estas cosas, como tampoco creer en los mal agoreros. El final de los tiempos para el creyente es de dicha y de fe en Aquel que sabemos que nos ama. Y de vigilancia, es decir, de estar despiertos y viviendo siempre en la Gracia de Dios, reconciliados con Él y con los demás, esto significa estar con las lámparas siempre encendidas, a la espera de la venida de nuestro Señor, espera que es gozosa y no angustiosa.

Que Dios nos llene de confianza en su amor, y no caigamos en la tentación de la desesperanza, y podamos llenar al mundo de fe y de amor. Buen domingo.


viernes, 28 de octubre de 2011

Con los criterios de Jesús


Evangelio según san Mateo (23,1-12)

En aquel tiempo, Jesús habló a la gente y a sus discípulos, diciendo: «En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos: haced y cumplid lo que os digan; pero no hagáis lo que ellos hacen, porque ellos no hacen lo que dicen. Ellos lían fardos pesados e insoportables y se los cargan a la gente en los hombros, pero ellos no están dispuestos a mover un dedo para empujar. Todo lo que hacen es para que los vea la gente: alargan las filacterias y ensanchan las franjas del manto; les gustan los primeros puestos en los banquetes y los asientos de honor en las sinagogas; que les hagan reverencias por la calle y que la gente los llame maestros. Vosotros, en cambio, no os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro, y todos vosotros sois hermanos. Y no llaméis padre vuestro a nadie en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre, el del cielo. No os dejéis llamar consejeros, porque uno solo es vuestro consejero, Cristo. El primero entre vosotros será vuestro servidor. El que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

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Los últimos domingos los evangelios nos han mostrado las distintas polémicas de Jesús con los grupos religiosos y políticos de su época: herodianos, fariseos, saduceos y escribas. El texto de este domingo, ya no es una polémica específica, sino una apreciación general dirigida a sus discípulos y a la multitud que lo acompañaba sobre estos grupos y de cómo debe ser la actitud de sus discípulos.

Reconoce la autoridad que tienen los fariseos y escribas por ocupar la cátedra de Moisés, y que lo que enseñan es correcto, pero sus obras desdicen su enseñanza, ya que colocan cargas pesadas a otros, sin ellos cargarlas.

Pero por sobretodo hay una critica a los títulos que ellos se colocan y de la ostentación que hacen de ellos: doctores, padres y maestros. Jesús enseña a sus discípulos a no dejarse llevar por esta vanagloria de los títulos, ya que uno sólo es el Maestro que es Cristo, uno sólo es nuestro Padre que es el Padre celestial, y nuestro único doctor es el mismo Cristo.

Tantas veces también nosotros, podemos caer en la tentación de colocar los títulos por delante de la personas. Se puede hacer acepción de personas, según grados, títulos, cargos, etc., olvidando que por sobre todo lo más importante es que todo ser humano es persona, hijo de Dios y hermano nuestro. Nuestra valoración de las personas la hacemos desde el misterio de la encarnación de Cristo, que se hizo uno de nosotros para mostrarnos la dignidad de todo ser humano.

Por eso la postura del discípulo de Jesús en el mundo es distinta, y no puede guiarse por criterios de este mundo, sino que tiene que ser capaz de liberarse de ellos, para mirar todo con la mirada de Dios, teniendo los mismos sentimientos de Cristo, que nos enseña que “el mayor entre ustedes será el que los sirve, porque el que se eleva será humillado y el que se humilla será elevado”.

sábado, 22 de octubre de 2011

Amar a Dios y al prójimo


Evangelio según San Mateo 22,34-40.

Cuando los fariseos se enteraron de que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en ese lugar, y uno de ellos, que era doctor de la Ley, le preguntó para ponerlo a prueba: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?". Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas".
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Le preguntan a Jesús sobre el mandamiento más importante de la Ley. La pregunta hecha por un doctor de la Ley, buscar poner a prueba a Jesús. En aquel tiempo habían codificado una gran cantidad de leyes religiosas y por eso la pregunta es pertinente, reconocer entre tantos mandamientos cuál es el esencial y que da fundamento y sentido a todos los demás.

La respuesta de Jesús, que retoma aquel texto del libro del Deuteronomio, recuerda aquella Ley primera que Dios da a su pueblo: “Amarás al Señor, tu Dios”, este es el más grande y el primer mandamiento. Este mandamiento es la respuesta de amor del ser humano al amor que hemos recibido primero, el amor de Dios. “Amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todo el espíritu”. Esta triple llamada a la totalidad de nuestro ser, significa colocar todo nuestro empeño en este amor, con todo lo que somos.

Sin embargo Jesús añade junto a éste mandamiento, un segundo mandamiento semejante al primero: “Amarás al prójimo como a ti mismo”. ¿Por qué Jesús agrega este segundo mandamiento al más grande referido a Dios?. Porque no podemos entender el amor a Dios, sin amar al hermano, son como dos caras de una misma moneda. Ambos son esenciales para los seguidores de Cristo. El que no ama a su hermano a quien ve, no puede amar a Dios a quien no ve (1Jn 4,20).

Por eso que Jesús termina diciendo que toda la Ley y los profetas dependen de estos mandamientos, porque en la medida que amemos, los mandamientos y lo dicho por los profetas cobrará su verdadero sentido, no es la ley por ley, es la ley del amor que Cristo nos trae la que da un nuevo color a nuestra vida, porque como dijo san Juan de la Cruz: “al atardecer de nuestras vidas seremos juzgados por el amor”.

viernes, 7 de octubre de 2011

Invitados a la Mesa del Señor


Evangelio según San Mateo 22,1-14.

Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: "El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir.

De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: 'Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas'. Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron. Al enterarse, el rey se indignó y envió a sus tropas para que acabaran con aquellos homicidas e incendiaran su ciudad. Luego dijo a sus servidores: 'El banquete nupcial está preparado, pero los invitados no eran dignos de él. Salgan a los cruces de los caminos e inviten a todos los que encuentren'.

Los servidores salieron a los caminos y reunieron a todos los que encontraron, buenos y malos, y la sala nupcial se llenó de convidados. Cuando el rey entró para ver a los comensales, encontró a un hombre que no tenía el traje de fiesta. 'Amigo, le dijo, ¿cómo has entrado aquí sin el traje de fiesta?'. El otro permaneció en silencio. Entonces el rey dijo a los guardias: 'Atenlo de pies y manos, y arrójenlo afuera, a las tinieblas. Allí habrá llanto y rechinar de dientes'. Porque muchos son llamados, pero pocos son elegidos".
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En el evangelio de este domingo, Jesús presenta el Reino de los cielos como un banquete de bodas preparado por un padre para el matrimonio de su hijo. La imagen del banquete nupcial, como un momento de alegría, de intimidad y de celebración, es muy significativo para entender que la esperanza cristiana en la vida eterna está inundada de felicidad.


Todo está preparado de la mejor manera para recibir a los invitados, el Padre se ha esmerado para preparar la mejor cena y así recibir a todos. Envía a sus servidores a llamar a los invitados, es decir llama a quienes ya han sido previamente invitados. Es la fatiga de Dios de buscar al ser humano, de salir a su encuentro para compartir con ellos la dicha el banquete de su Hijo. Pero ante la negativa respuesta de aquellos que estaban invitados a asistir a las bodas el Padre no se desanima, y manda una vez más a sus servidores ahora a los caminos a invitar a todos los que encuentren, todos pueden entrar en el banquete del Reino de Dios, sin embargo para estar en él se debe estar preparado, y por eso el Padre repara en un hombre que no está con traje de fiesta, es decir, no se ha dispuesto convenientemente para la fiesta a la que ha sido invitado.


Nosotros somos también llamados por el Señor a su fiesta, y al banquete de la Eucaristía. ¿Me siento llamado a estar en comunión con Jesús?. ¿Me preparo convenientemente para este encuentro dominical con él?. Que podamos sentir en nuestro interior cada uno de nosotros la invitación de Dios a vivir cada día más cerca de Él, reconocer a Jesús vivo y presente en la Eucaristía, y en la vida de los hermanos. El Señor tiene la Mesa preparada para nosotros, la ha preparado con cariño y ahora nos invita a sentarnos en ella. Una mesa grande y para todos. ¿Cómo respondo a su invitación?.


viernes, 30 de septiembre de 2011

Somos la Viña del Señor


Evangelio según San Mateo 21,33-43.

Escuchen otra parábola: Un hombre poseía una tierra y allí plantó una viña, la cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Después la arrendó a unos viñadores y se fue al extranjero. Cuando llegó el tiempo de la vendimia, envió a sus servidores para percibir los frutos.
Pero los viñadores se apoderaron de ellos, y a uno lo golpearon, a otro lo mataron y al tercero lo apedrearon. El propietario volvió a enviar a otros servidores, en mayor número que los primeros, pero los trataron de la misma manera. Finalmente, les envió a su propio hijo, pensando: 'Respetarán a mi hijo'. Pero, al verlo, los viñadores se dijeron: "Este es el heredero: vamos a matarlo para quedarnos con su herencia". Y apoderándose de él, lo arrojaron fuera de la viña y lo mataron. Cuando vuelva el dueño, ¿qué les parece que hará con aquellos viñadores?".
Le respondieron: "Acabará con esos miserables y arrendará la viña a otros, que le entregarán el fruto a su debido tiempo". Jesús agregó: "¿No han leído nunca en las Escrituras: La piedra que los constructores rechazaron ha llegado a ser la piedra angular: esta es la obra del Señor, admirable a nuestros ojos? Por eso les digo que el Reino de Dios les será quitado a ustedes, para ser entregado a un pueblo que le hará producir sus frutos".
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La viña que aparece en la parábola que cuenta Jesús en el evangelio de este domingo, es signo en el Antiguo Testamento del pueblo elegido de Dios. Jesús relata la parábola a aquellos que dirigían al pueblo de Israel.

Para los cristianos la Viña es ahora el nuevo pueblo de Dios, que es la Iglesia, que debe ser custodiada por todos los creyentes bautizados que somos parte de ella. El texto de la parábola dice que el dueño de la Viña parte lejos dejando a los viñadores que cuiden de ella, esto significa la confianza que Dios tenía en ellos, y al mismo tiempo la responsabilidad que se les daba a los viñadores de cuidarla. Pero los viñadores quisieron quedarse con la Viña, y maltrataron a los enviados por el dueño, golpeándolo a unos y matando a otros. Finalmente cuando envía a su hijo pensando que lo respetarían, ellos viendo la posibilidad de quedarse definitivamente con la viña, lo matan. Son imágenes que hacen alusión a los profetas del Antiguo Testamento, y el hijo es el propio Jesús.

La Viña será entregada a un pueblo nuevo que dará frutos. Este nuevo pueblo de Cristo somos los bautizados, podemos preguntarnos como estamos cuidando de ésta Viña que el Señor nos ha encomendado, qué frutos están dandos nuestras comunidades religiosas, parroquiales, diocesanas,etc. Nuestra Viña, la Iglesia, debemos cuidarla y hacer que dé frutos abundantes de solidaridad, justicia y de fe. En las grandes cosas, pero por sobretodo en las pequeñas cosas de cada día: acogida, servicio y compromiso. Sabiendo que es Jesús la piedra angular de la Iglesia. Que podamos hacer realidad aquello que una plegaria eucaristía recita: “que tu Iglesia, Señor, sea un recinto de verdad y de amor, de libertad, de justicia y de paz, para que todos encuentren en ella un motivo para seguir esperando”. Buen domingo

martes, 27 de septiembre de 2011

Cumplir la voluntad del Padre


Evangelio según San Mateo 21,28-32.

"¿Qué les parece? Un hombre tenía dos hijos y, dirigiéndose al primero, le dijo: 'Hijo, quiero que hoy vayas a trabajar a mi viña'. El respondió: 'No quiero'. Pero después se arrepintió y fue. Dirigiéndose al segundo, le dijo lo mismo y este le respondió: 'Voy, Señor', pero no fue.

¿Cuál de los dos cumplió la voluntad de su padre?". "El primero", le respondieron. Jesús les dijo: "Les aseguro que los publicanos y las prostitutas llegan antes que ustedes al Reino de Dios. En efecto, Juan vino a ustedes por el camino de la justicia y no creyeron en él; en cambio, los publicanos y las prostitutas creyeron en él. Pero ustedes, ni siquiera al ver este ejemplo, se han arrepentido ni han creído en él.
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¿En qué consiste cumplir la voluntad de Dios?, para el creyente es una pregunta que nos hacemos cuando debemos discernir antes de tomar una decisión importante o las pequeñas opciones de cada día. La parábola que Jesús cuenta en el evangelio de este domingo, un hombre que tenia una viña manda a sus hijos a trabajar a ella, el primero dice que no quiere ir, pero luego lo piensa mejor, se arrepiente de su primera decisión y va a trabajar. El segundo, en cambio inmediatamente responde. “sí, señor”, pero luego no va. Es curioso que éste segundo le diga “señor”, y sin embargo no vaya, su relación era más de siervo que de hijo. En cambio el otro se arrepiente, repiensa su respuesta, siente pesar y cambia de idea. La pregunta de Jesús: ¿quién cumplió la voluntad de su padre?, es retórica, es decir que tiene una respuesta unívoca, el primero de los hijos es el que cumple la voluntad de su padre.

La palabra se hace verdadera, cuando se hace eficaz en los hechos, cuando ésta se cumple. ¿cuántas promesas incumplidas?, ¿cuánta desconfianza existe entre nosotros?. Por eso el que cumple no es el que dice que sí, sino que aquel que finalmente hace la voluntad del padre.

Aquel que se arrepiente y reconsidera las cosas, es capaz de cambiar y dar un vuelco a su vida, en cambio aquel que sólo queda en el discurso, pero no hace lo que dice. Debemos ser personas consecuentes, más aún en una sociedad en que la credibilidad en las instituciones y personas públicas se hace cada vez mayor. La última frase de Jesús en el texto de hoy es fuerte: “los publicanos (pecadores públicos) y las prostitutas llegan antes que ustedes al reino de Dios”, no porque sean mejores, sino porque a pesar de su pecado son capaces de arrepentirse y enmendar su camino. Que cada uno de nosotros sepamos dar valor a nuestra palabra y de arrepentirnos y cambiar aquello que nos aleja de la voluntad de Dios.


viernes, 16 de septiembre de 2011

Los últimos serán los primeros


Evangelio según San Mateo 20,1-16a.

Porque el Reino de los Cielos se parece a un propietario que salió muy de madrugada a contratar obreros para trabajar en su viña. Trató con ellos un denario por día y los envío a su viña. Volvió a salir a media mañana y, al ver a otros desocupados en la plaza, les dijo: 'Vayan ustedes también a mi viña y les pagaré lo que sea justo'. Y ellos fueron. Volvió a salir al mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.

Al caer la tarde salió de nuevo y, encontrando todavía a otros, les dijo: '¿Cómo se han quedado todo el día aquí, sin hacer nada?'. Ellos les respondieron: 'Nadie nos ha contratado'. Entonces les dijo: 'Vayan también ustedes a mi viña'.

Al terminar el día, el propietario llamó a su mayordomo y le dijo: 'Llama a los obreros y págales el jornal, comenzando por los últimos y terminando por los primeros'. Fueron entonces los que habían llegado al caer la tarde y recibieron cada uno un denario. Llegaron después los primeros, creyendo que iban a recibir algo más, pero recibieron igualmente un denario. Y al recibirlo, protestaban contra el propietario, diciendo: 'Estos últimos trabajaron nada más que una hora, y tú les das lo mismo que a nosotros, que hemos soportado el peso del trabajo y el calor durante toda la jornada'. El propietario respondió a uno de ellos: 'Amigo, no soy injusto contigo, ¿acaso no habíamos tratado en un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este que llega último lo mismo que a ti. ¿No tengo derecho a disponer de mis bienes como me parece? ¿Por qué tomas a mal que yo sea bueno?'.

Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos".
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Estamos como sociedad, tanto mundial como nacional, pasando por un momento histórico muy importante, y que debemos ver como una gran oportunidad de lograr las transformaciones políticas, económicas y sociales que necesitamos. Un sentimiento de impotencia surge al comprobar, los niveles de injusticia y desigualdad en que vivimos: ¿Es posible que lo más pobres, (y los que no lo son tanto), deban esperar una mano generosa que los ayude?, no pudiendo ejercer dignamente sus derechos humanos más fundamentales (salud, educación, vivienda digna, buena alimentación, etc). En una sociedad donde la competencia por ser los primeros, muchas veces en desmedro de los demás, fomenta el egoísmo y el individualismo, sostenido por un modelo económico visto por muchos como inamovible y por lo tanto como un ídolo. Nos preguntamos: ¿qué nos dice nuestra fe?, ¿qué hacemos como cristianos en la transformación de una sociedad más justa y fraterna?. ¿Podemos contentarnos solamente con acciones de caridad? (siendo buenas y necesarias éstas también): ¿qué diría Jesús?.

En el evangelio de este domingo, la parábola que Jesús cuenta de los trabajadores que van a trabajar en diferentes horarios, pero que reciben la misma paga, nos habla de cómo es la mirada del Dios ante el trabajo humano, una mirada equitativa, que no mira al ser humano como mercancía, agente de producción o un consumidor, sino que como persona e hijo de Dios. Que busca que los seres humanos nos miremos como hermanos y no como enemigos, donde las bases de la sociedad no estén sustentadas en lo económico, sino en la dignidad de la persona. Por eso que Jesús al inicio y al final de la parábola repite: “los últimos serán los primeros y los primeros serán últimos”. Esto significa atrevernos a cambiar nuestra visón de la realidad, viendo en los pobres y oprimidos a los privilegiados de Dios, y buscar para todos la justicia y la paz.


jueves, 8 de septiembre de 2011

Saber perdonar


Evangelio según San Mateo 18,21-35.

Entonces se adelantó Pedro y le dijo: "Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?". Jesús le respondió: "No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Por eso, el Reino de los Cielos se parece a un rey que quiso arreglar las cuentas con sus servidores. Comenzada la tarea, le presentaron a uno que debía diez mil talentos. Como no podía pagar, el rey mandó que fuera vendido junto con su mujer, sus hijos y todo lo que tenía, para saldar la deuda. El servidor se arrojó a sus pies, diciéndole: "Señor, dame un plazo y te pagaré todo". El rey se compadeció, lo dejó ir y, además, le perdonó la deuda.

Al salir, este servidor encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, tomándolo del cuello hasta ahogarlo, le dijo: 'Págame lo que me debes'. El otro se arrojó a sus pies y le suplicó: 'Dame un plazo y te pagaré la deuda'. Pero él no quiso, sino que lo hizo poner en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Los demás servidores, al ver lo que había sucedido, se apenaron mucho y fueron a contarlo a su señor. Este lo mandó llamar y le dijo: '¡Miserable! Me suplicaste, y te perdoné la deuda. ¿No debías también tú tener compasión de tu compañero, como yo me compadecí de tí?'. E indignado, el rey lo entregó en manos de los verdugos hasta que pagara todo lo que debía. Lo mismo hará también mi Padre celestial con ustedes, si no perdonan de corazón a sus hermanos".
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Se dice que perdonar es una cualidad divina más que humana, y que duda cabe que es una actitud difícil de realizar en nuestra vida. Sin embargo para quienes hemos tenido la experiencia de perdonar y ser perdonados, sabemos de la alegría que conlleva el perdón.


El evangelio de este domingo, nos habla del perdón. Es Pedro quien le plantea la pregunta a Jesús: ¿cuántas veces debo perdonar a mi hermano?, ¿hasta siete veces?, recordemos que para la cultura judía de la época, siete veces era el número de la perfección, y por lo tanto al decir siete veces está diciendo muchas veces. La respuesta de Jesús nuevamente descoloca: “hasta setenta veces siete”. Obviamente no significa hacer la operación matemática, para saber cuanta veces, sino que equivale a decir la infinitud de veces que se debe perdonar, como queda en claro en la parábola posterior del rey que perdona la deuda. El perdón de Dios es infinito, eso lo sabemos.


Pero ¿qué hacemos con relación con nuestra capacidad de perdonar, y de recibir el perdón de otros?. Se escucha decir, que se perdona, pero no se olvida y esto es así. Muchas veces confundimos el perdón con el recuerdo y creemos que no hemos perdonado, porque no olvidamos. El perdón no requiere del olvido, es lo conscientemente asumido que se perdona.


En ocasiones el perdón más difícil de hacer, es el de perdonarse uno mismo. Y este es fundamental, hay que aprender a perdonarse para perdonar a los demás. Darnos cuenta que no somos perfectos, no es fácil de aceptar. Los sentimientos de culpa nos agobian y martirizan. Jesús nos quiere sanar de raíz y nos ofrece el perdón como camino de sanación espiritual, y de convivencia con los demás. En la medida que estemos reconciliados con nosotros mismos, podremos reconciliarnos con los demás y con Dios.


viernes, 2 de septiembre de 2011

La caridad en la Verdad


Evangelio según San Mateo 18,15-20.

Si tu hermano peca, ve y corrígelo en privado. Si te escucha, habrás ganado a tu hermano. Si no te escucha, busca una o dos personas más, para que el asunto se decida por la declaración de dos o tres testigos. Si se niega a hacerles caso, dilo a la comunidad. Y si tampoco quiere escuchar a la comunidad, considéralo como pagano o publicano.

Les aseguro que todo lo que ustedes aten en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desaten en la tierra, quedará desatado en el cielo.

También les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos".
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El texto de Mateo, forma parte del discurso sobre la comunidad que hace Jesús a sus discípulos. Los primeros versículos los dedica a la llamada corrección fraterna, pero que nos puede servir en todo momento en nuestra relación con los demás. Parte diciendo que si alguien peca en contra de nosotros, lo primero debe ser corregirlo en privado, si nos escucha habremos ganado a nuestro hermano, sino es así recién ahí, se debe buscar el apoyo de dos o tres que hagan de testigos o mediadores entre las partes, y sino escucha será planteado frente a toda la comunidad como última instancia.

El texto nos habla del perdón y de la gradualidad que debe existir a la hora de corregir, esto es muy importante porque tiene que ver con el respeto que se debe tener a toda persona. Muchas veces informamos a todos los demás nuestro malestar, antes que al interesado, de ésta manera herimos a las personas y rompemos aún más las relaciones.

El corregir a otro debe ser un acto de caridad (amor), y no de venganza, ni de desquite por el daño que se nos hubiese podido ocasionar. Es una posibilidad de perdonar y de reencontrarse con el otro, sanando heridas y reconstituyendo la fraternidad.

La caridad, entendida aquí como amor fraterno, está fundamentado en la Verdad, es a la verdad que se debe servir a la hora de solucionar los problemas relacionales (familiares, laborales, vecinales, etc), y no servirnos de verdades a medias, que impiden el diálogo. La verdad nos hace libres y cuando queremos aclarar una situación, el colocarnos al servicio de la verdad nos impide caer en mezquinos intereses, o el buscar dañar a los demás a favor de nosotros, sino que buscamos el bien común y la justicia, elementos esenciales para una sana convivencia.


viernes, 26 de agosto de 2011

Tomar la cruz y seguir a Jesús


Evangelio según San Mateo 16,21-27.

Desde aquel día, Jesús comenzó a anunciar a sus discípulos que debía ir a Jerusalén, y sufrir mucho de parte de los ancianos, de los sumos sacerdotes y de los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar al tercer día. Pedro lo llevó aparte y comenzó a reprenderlo, diciendo: "Dios no lo permita, Señor, eso no sucederá". Pero él, dándose vuelta, dijo a Pedro: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Tú eres para mí un obstáculo, porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres".

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida a causa de mí, la encontrará. ¿De qué le servirá al hombre ganar el mundo entero si pierde su vida? ¿Y qué podrá dar el hombre a cambio de su vida?. Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre, rodeado de sus ángeles, y entonces pagará a cada uno de acuerdo con sus obras.
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Uno podría preguntarse cuál es la diferencia que tiene el cristianismo con las demás religiones, visiones religiosas y filosóficas. Diremos que en general coincidimos en el anhelo de felicidad y de ser un camino hacia esa felicidad, que nosotros llamamos Salvación eterna.


Sin embargo el cristianismo tiene un aspecto que le es particular: la cruz. Para muchos un signo contradictorio, ya que representa sufrimiento y muerte, pero ¿es sólo esto lo que quiere significar para el cristiano?. En el evangelio de este domingo, Jesús recuerda a sus discípulos que debe ir a Jerusalén y sufrir mucho, para luego resucitar. Ellos se escandalizan y Pedro reprende a Jesús, porque no quieren aceptar que esto le suceda a su Señor.


Jesús es duro para responderle a Pedro: “ve, detrás de mí Satanás”, esto quiere decir que Pedro y los demás que no quieren aceptar la cruz, se convierten en obstáculo (eso quiere decir Satanás) para su camino para cumplir la voluntad de Dios.


La reacción de Pedro y de los demás, sin embargo es lógica y responde a los “pensamientos de los hombres y no a los de Dios”, como el mismo Jesús se los hace ver. La cruz, el sufrimiento y la muerte –aparentemente- se contraponen a la felicidad, por eso la tendencia es a esconder o no afrontar estas realidades. En cambio en el cristianismo no es así, ésta es la novedad del Evangelio, que no huye, ni se esconde, sino que afronta los problemas y el sufrimiento, dándole un nuevo sentido a la cruz, que se entiende desde la Resurrección y en esto radica el seguimiento del Señor. Él mismo lo dice más adelante, “quien quiera seguirme, que renuncie a sí mismo, que cargue con su propia cruz y que me siga”.


Un verdadero discípulo de Cristo, debe renunciar a sus egoísmos y a su afán de protagonismo, a cargar con su cruz de todos los días, y sólo así podrá seguirlo sinceramente. No se puede seguir a Jesús sin la cruz, pero la cruz tiene sentido en la Resurrección y la Vida, que nos da el mismo Cristo. Buen domingo.


viernes, 29 de julio de 2011

El Pan de la Justicia


Evangelio según San Mateo 14,13-21.
Al enterarse de eso, Jesús se alejó en una barca a un lugar desierto para estar a solas. Apenas lo supo la gente, dejó las ciudades y lo siguió a pie. Cuando desembarcó, Jesús vio una gran muchedumbre y, compadeciéndose de ella, curó a los enfermos.

Al atardecer, los discípulos se acercaron y le dijeron: "Este es un lugar desierto y ya se hace tarde; despide a la multitud para que vaya a las ciudades a comprarse alimentos". Pero Jesús les dijo: "No es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos". Ellos respondieron: "Aquí no tenemos más que cinco panes y dos pescados". "Tráiganmelos aquí", les dijo. Y después de ordenar a la multitud que se sentara sobre el pasto, tomó los cinco panes y los dos pescados, y levantando los ojos al cielo, pronunció la bendición, partió los panes, los dio a sus discípulos, y ellos los distribuyeron entre la multitud.

Todos comieron hasta saciarse y con los pedazos que sobraron se llenaron doce canastas. Los que comieron fueron unos cinco mil hombres, sin contar las mujeres y los niños.
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Hay una canción de bendición de los alimentos que dice así: “bendecidnos Señor, bendecid esta mesa, y esta comida nuestra y da también el pan al que no lo tiene… así sea”. Me cuestiona la última parte de la antífona citada: “da también el pan a quien no lo tiene”, aunque en principio es un buen deseo y una oración legítima que podemos hacer a Dios, al mismo tiempo se corre el riesgo de desentenderse del problema, dejándoselo exclusivamente a Dios. El evangelio que escucharemos en la liturgia de este domingo, una gran muchedumbre sigue a Jesús para escucharlo. Pero cae la tarde y están en un despoblado, lejos de los pueblos, así que con prudencia sus discípulos más cercanos le recomiendan que los despida para que cada uno vele por su alimentación. La respuesta de Jesús descoloca a sus colaboradores: “no es necesario que se vayan, denles de comer ustedes mismos”. El problema no es solamente que no tengan nada para darles, aunque en realidad si tenían algo (cinco panes y dos pescados) que pensaban seguramente comer ellos con el maestro, sino que los obliga a comprometerse con la muchedumbre, y por lo tanto dejar su posición de comodidad…”Señor, da también tú el pan al que no lo tiene”. Hoy como ayer, la respuesta de Jesús es la misma: “denles de comer ustedes mismos”.


Mañana iniciaremos el mes de agosto, llamado el mes de la solidaridad en Chile, en homenaje al padre Hurtado. Es un momento para revisar no sólo como vivimos nuestra dimensión solidaria, sino de ir más de fondo y preguntarnos que entendemos por solidaridad: solamente dar “limosna”, de lo que nos sobra, y una manera de limpiar nuestro closet, y tranquilizar nuestras conciencias, o de una manera más integra, y completa como la entendía el padre Hurtado, y el mismo Jesús, es decir dar-se uno mismo, comprometiéndose con la causa de la justicia social, y construyendo una sociedad más humana, donde prime el ser humano por sobre los intereses económicos.


El gran milagro de la multiplicación de los panes, no fue un acto de magia de Jesús de hacer aparecer más panes y peces, sino de cambiar la mentalidad no sólo de los discípulos, sino de todos aquellos que llevaban algo para comer para ellos mismos, y que lo pusieron en común, de manera que alcanzó para toda aquella muchedumbre que escuchaba a Jesús.


sábado, 23 de julio de 2011

El tesoro escondido


Evangelio según San Mateo 13,44-52.

El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo. El Reino de los Cielos se parece también a un negociante que se dedicaba a buscar perlas finas; y al encontrar una de gran valor, fue a vender todo lo que tenía y la compró.

El Reino de los Cielos se parece también a una red que se echa al mar y recoge toda clase de peces. Cuando está llena, los pescadores la sacan a la orilla y, sentándose, recogen lo bueno en canastas y tiran lo que no sirve. Así sucederá al fin del mundo: vendrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos, para arrojarlos en el horno ardiente. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Comprendieron todo esto?". "Sí", le respondieron.

Entonces agregó: "Todo escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo".
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Este domingo la liturgia de la Iglesia continúa con las Parábolas del reino de los Cielos, que aparecen en forma de discurso en el capítulo 13 del evangelio de Mateo. Las parábolas que se nos presentan para este domingo para nuestra reflexión, son la del tesoro escondido encontrado en un campo y la de las perlas finas que un negociante busca hasta encontrarlas. Ambas parábolas nos muestran el modo de pensar, de hacer y de elegir de Dios, y nos colocan en la lógica de Dios.

Estas parábolas son una experiencia de encuentro, ya que el cristianismo es por sobre todo una experiencia con Cristo, el mismo Cristo es el tesoro escondido en el campo, es decir, el encuentro se puede dar de muchas maneras, incluso sin proponérselo, se puede dar sin buscarlo. El Señor se nos hace el encontradizo en el camino de la vida. En esta parábola se da una paradoja ya que el hombre que encuentra el tesoro, lo vuelve a esconder, ¿por qué esta actitud?, es tan maravilloso y grande lo que ha encontrado, es tan significativo para su vida, que necesita tener un espacio y un tiempo de silencio, necesita hacer suyo este tesoro encontrado, no es una actitud de egoísmo de no querer compartirlo con los demás, porque el amor no es nunca egoísta, por definición es generoso, pero este tesoro que se ha encontrado, que es la Gracia y el Amor de Dios, debe ser asimilado, contemplado, y puesto en oración, es necesario darse este tiempo, y luego vende todo lo que posee para comprar el campo del tesoro, esto último significa que todo lo demás es relativizado en relación a este tesoro encontrado, al reino de Dios.

El comerciante de perlas preciosas, en cambio, es aquel que va en busca de las perlas, es decir existe una búsqueda, el evangelio señala que se dedicaba a buscar una perla de gran valor, y finalmente la encuentra. Cuantas personas buscan algo más grande en su vidas, un ideal que trascienda. Cuantas personas que buscan a Dios y que muchas veces no lo encuentran en medio de tantas oscuridades que ocultan la hermosa perla de gran valor que es Cristo mismo. Pidamos a Dios, para que aquellos que se esmeran en su búsqueda de trascendencia, puedan encontrar la perla de gran valor y los que caminan por el campo de su vida, sin buscar nada especial puedan hallar el tesoro escondido que Dios tiene reservado para ellos.

miércoles, 23 de febrero de 2011

No se inquieten


Evangelio según San Mateo 6,24-34.

Nadie puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien, se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No se puede servir a Dios y al Dinero. Por eso les digo: No se inquieten por su vida, pensando qué van a comer, ni por su cuerpo, pensando con qué se van a vestir. ¿No vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido? Miren los pájaros del cielo: ellos no siembran ni cosechan, ni acumulan en graneros, y sin embargo, el Padre que está en el cielo los alimenta. ¿No valen ustedes acaso más que ellos? ¿Quién de ustedes, por mucho que se inquiete, puede añadir un solo instante al tiempo de su vida? ¿Y por qué se inquietan por el vestido? Miren los lirios del campo, cómo van creciendo sin fatigarse ni tejer. Yo les aseguro que ni Salomón, en el esplendor de su gloria, se vistió como uno de ellos. Si Dios viste así la hierba de los campos, que hoy existe y mañana será echada al fuego, ¡cuánto más hará por ustedes, hombres de poca fe!

No se inquieten entonces, diciendo: '¿Qué comeremos, qué beberemos, o con qué nos vestiremos?'. Son los paganos los que van detrás de estas cosas. El Padre que está en el cielo sabe bien que ustedes las necesitan.

Busquen primero el Reino y su justicia, y todo lo demás se les dará por añadidura. No se inquieten por el día de mañana; el mañana se inquietará por sí mismo. A cada día le basta su aflicción.
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La liturgia de este domingo nos ofrece un texto que pertenece todavía al “sermón de la montaña”, y donde Jesús nos coloca en la disyuntiva de elegir entre dos señores: Dios y el dinero, ésta tensión no siempre es bien entendida. Para los creyentes es evidente que Dios está por sobretodo, y en esto no hay dos lecturas. Sin embargo el problema comienza cuando a raíz de los problemas cotidianos, vemos que el dinero pasa a ser un tema recurrente (la mayor parte de las veces porque no alcanza), ¿cómo debe actuar un cristiano frente al dinero?. Jesús nos enseña que el problema radica en la inquietud que esto produce en nosotros: “no se inquieten por su vida..”, dice el texto del evangelio de Mateo, lo cual no significa que no nos preocupemos y no velemos por nuestras familias y nosotros mismos, sería un error pensar que el evangelio nos invita a una despreocupación. La palabra clave es la inquietud, que en una traducción libre moderna sería stress, no se estresen por su vidas nos dice Jesús…”¿no vale acaso más la vida que la comida y el cuerpo más que el vestido?”. Cuantas veces vivimos ansiosos por cosas que verdaderamente no son fundamentales, cuantas personas sufren por tener ciertas cosas que son superficiales, en circuntancias que tantos otros hermanos nuestros sufren porque carecen de lo básico.


Es por eso que esta disyuntiva entre Dios y el dinero, es más que un optar simplemente por uno o por otro, sabemos que vivimos en un mundo donde el dinero es una forma de cambio, que sirve como instrumento y no más que eso, el problema es cuando también compra nuestro corazón. Pero también saber que existe de fondo un tema de justicia, con los más necesitados, que no tienen muchas veces para comer y donde, sin embargo la fe en Dios permanece, en forma fiel.


miércoles, 9 de febrero de 2011

Jesús hombre libre


Eclo 15,15-20; Sal 119(118),1-2.4-5.17-18.33-34; 1Cor 2,6-10; Mt 5,17-37.
No piensen que vine para abolir la Ley o los Profetas: yo no he venido a abolir, sino a dar cumplimiento. Les aseguro que no desaparecerá ni una i ni una coma de la Ley, antes que desaparezcan el cielo y la tierra, hasta que todo se realice. El que no cumpla el más pequeño de estos mandamientos, y enseñe a los otros a hacer lo mismo, será considerado el menor en el Reino de los Cielos. En cambio, el que los cumpla y enseñe, será considerado grande en el Reino de los Cielos. Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos. Ustedes han oído que se dijo a los antepasados: No matarás, y el que mata, debe ser llevado ante el tribunal. Pero yo les digo que todo aquel que se irrita contra su hermano, merece ser condenado por un tribunal. Y todo aquel que lo insulta, merece ser castigado por el Sanedrín. Y el que lo maldice, merece la Gehena de fuego. Por lo tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar, te acuerdas de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda ante el altar, ve a reconciliarte con tu hermano, y sólo entonces vuelve a presentar tu ofrenda. Trata de llegar en seguida a un acuerdo con tu adversario, mientras vas caminando con él, no sea que el adversario te entregue al juez, y el juez al guardia, y te pongan preso. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo. Ustedes han oído que se dijo: No cometerás adulterio. Pero yo les digo: El que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón. Si tu ojo derecho es para ti una ocasión de pecado, arráncalo y arrójalo lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. Y si tu mano derecha es para ti una ocasión de pecado, córtala y arrójala lejos de ti: es preferible que se pierda uno solo de tus miembros, y no que todo tu cuerpo sea arrojado a la Gehena. También se dijo: El que se divorcia de su mujer, debe darle una declaración de divorcio. Pero yo les digo: El que se divorcia de su mujer, excepto en caso de unión ilegal, la expone a cometer adulterio; y el que se casa con una mujer abandonada por su marido, comete adulterio. Ustedes han oído también que se dijo a los antepasados: No jurarás falsamente, y cumplirás los juramentos hechos al Señor. Pero yo les digo que no juren de ningún modo: ni por el cielo, porque es el trono de Dios, ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la Ciudad del gran Rey. No jures tampoco por tu cabeza, porque no puedes convertir en blanco o negro uno solo de tus cabellos. Cuando ustedes digan 'sí', que sea sí, y cuando digan 'no', que sea no. Todo lo que se dice de más, viene del Maligno.
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La lectura del evangelio de Mateo de este domingo, continúa el “Sermón del Monte”, que hemos comenzado hace un par de semanas con las bienaventuranzas. Jesús sale al paso a los que estaban preocupados por la Ley de Moisés, que sentían amenazada por la predicación de Jesús. Por eso que comienza diciendo que él no ha venido a abolir ni la Ley, ni los profetas, sino que a darle cumplimiento. A partir de éste principio debemos interpretar todo el texto y la palabra de Jesús, de la relación con el Reino de los Cielos que existe entre el cumplimiento o no de la Ley.


En el evangelio de hoy son cuatro los temas que Jesús saca a colación: el homicidio, el adulterio, el divorcio y el juramento. Cada una parte con un recordatorio de lo que se dijo a los antiguos, y lo que Jesús dice con respecto a cada uno de estas temáticas, veamoslas una a una.

Con respecto al homicidio, que según la Ley, debían ser puestos ante el tribunal, Jesús va más allá, no solamente va a las situaciones límites, sino que toma en consideración la vida cotidiana, así el que insulta a su hermano o daña su dignidad, de alguna manera lo mata. Es un llamado a respetar siempre la vida de los demás. El Señor Jesús lo relaciona con el culto sincero.


En el caso del adulterio, Jesús también profundiza y va más allá, afirma que hay un adulterio del corazón, sobretodo cuando existe una intencionalidad de daño al prójimo. Nos enseña a ser más transparentes en nuestras relaciones, a cultivar un estilo de vida más sano de vivir con nuestros semejantes.


El tercer tema es el divorcio, donde Jesús también va más allá de lo dicho en la Ley mosaica, ya que va a la intención primera del proyecto divino. La practica del tiempo de Jesús dejaba a la mujer desprotegida, en cambio él vela por la igualdad de los conyúges, evitando cualquier tipo de injusticia contra la mujer.


Finalmente el evangelio hace alusión a el juramento, y de no jurar en el nombre de Dios en vano, esto debe ser entendido como un modelo de acción en la vida, una invitación a ser siempre claros y transparentes en lo que hacemos y decimos, sin necesidad de tener que “jurar” nombrando a Dios.


miércoles, 2 de febrero de 2011

Somos sal y luz del mundo


Is 58,7-10; Sal 112(111),4-5.6-7.8-9; 1Cor 2,1-5;
Mt 5,13-16.

Ustedes son la sal de la tierra. Pero si la sal pierde su sabor, ¿con qué se la volverá a salar? Ya no sirve para nada, sino para ser tirada y pisada por los hombres.

Ustedes son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad situada en la cima de una montaña.

Y no se enciende una lámpara para meterla debajo de un cajón, sino que se la pone sobre el candelero para que ilumine a todos los que están en la casa.

Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen al Padre que está en el cielo.
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El evangelio de este domingo es la continuación inmediata del texto de las Bienaventuranzas que leímos el domingo pasado, y con el que comienza el “Sermón del Monte”, y que nos acompañará todavía en los próximos domingos de febrero y el primer domingo de marzo. Es necesario saber esto, para entender el sentido de la lectura en su conjunto.


La lectura de Mateo comienza diciendo: “ustedes son la Luz del mundo” esto nos da dos coordenadas importantes: por una parte sabemos que está hablando a los mismos que escuchaban las bienaventuranzas, esto quiere decir que ese “ustedes”, es una invitación a los pobres, a los mansos de corazón, a los misericordiosos, a los que trabajan por la justicia y que son perseguidos por el nombre de Jesús. En sentido más amplio podemos decir que el discurso el también para nosotros. Una segunda coordenada es el sentido comunitario del “ustedes”, estamos llamados a una misión, pero ésta no la hacemos solos, el cristiano es siempre comunitario, la dimensión eclesial es vital para poder desarrollar la tarea evangelizadora.


Veamos ahora el texto: Jesús afirma a sus discípulos y a quienes lo escuchan, que son luz del mundo y sal de la tierra, y luego lo explica diciendo que una ciudad no se puede ocultar si está sobre una montaña, y que una lámapara no se enciende para ocultarla, sino que está para iluminar.


Así también la Iglesia y todos los cristianos estamos llamados a iluminar el mundo, y a darle sabor. Somos una comunidad de creyentes que nos sentimos coresponsables de nuestro mundo y nuestra sociedad. Estamos conscientes de que estamos llamados por el mismo Señor a hacerlo presente en todos los ambientes, porque estamos convencidos que Jesús es la Buena Noticia que debe ser conocida por todos los hombres.


En este tiempo en que existen tantos que viven y se sienten en tinieblas, cuando muchos han perdido el sabor de su vida, el evangelio de hoy nos entrega una misión, a quienes nos sentimos discípulos y misioneros de Él, de llevar la luz de Cristo a quien lo necesita, y a devolverle el sabor a la vida a quienes lo han perdido. A iluminar los rincones más oscuros de nuestra sociedad, para devolverles la dignidad y la paz.

Cordero de Dios

EVANGELIO Éste es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo +  Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan 1, 29-34 Juan Ba...