En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

viernes, 7 de junio de 2013

Una mirada de compasión






Evangelio según San Lucas 7,11-17.

Jesús se dirigió poco después a un pueblo llamado Naín, y con él iban sus discípulos y un buen número de personas.

Cuando llegó a la puerta del pueblo, sacaban a enterrar a un muerto: era el hijo único de su madre, que era viuda, y mucha gente del pueblo la acompañaba. Al verla, el Señor se compadeció de ella y le dijo: «No llores.» Después se acercó y tocó el féretro. Los que lo llevaban se detuvieron. Dijo Jesús entonces: «Joven, yo te lo mando, levántate

Se incorporó el muerto inmediatamente y se puso a hablar. Y Jesús se lo entregó a su madre.
Un santo temor se apoderó de todos y alababan a Dios, diciendo: «Es un gran profeta el que nos ha llegado. Dios ha visitado a su pueblo.» Lo mismo se rumoreaba de él en todo el país judío y en sus alrededores.
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Nos encontramos frente a un texto conocido como el de la viuda de Naím. Una mujer que había perdido a su único hijo que salía del pueblo a darle sepultura.

El texto de Lucas quiere mostrar el grado de sufrimiento y desamparo en que se encuentra esta mujer que siendo viuda, se le muere su único hijo. El pueblo la acompaña silencioso en su dolor. Jesús al verla se compadeció de ella. Tenemos aquí dos verbos que nos ayudan a enteneder no sólo el texto, sino que también todo el accionar del Señor. Primero la ve: la mirada de Jesús es profunda y comprometida. Vió el dolor de aquella mujer y no pasa de largo, como enseñará luego en la parábola del Buen Samaritano, sino que se compadece de ella (éste es el segundo verbo). El Señor Jesús ve y se compadece. Nos muestra su corazón, el corazón misericordioso de Dios en las acciones de Jesucristo. Por  esto no son extrañas la palabras que dirige a la mujer "no llores". En Cristo encontramos el verdadero consuelo, Él es el que da tranquilidad y paz en el dolor.

Jesús toca el féretro, no sólo para detener el cortejo, sino como señal de cercanía y del milagro que va a acontecer. luego ordena al muchacho: "yo te lo oredeno, levántate", la palabra de Jesús es eficaz y el joven seincopora, se levanta, es un signo de la Vida que nos trae Jesús, un preanuncio de la propia resurrección de Jesús, y de la esperanza nuestra en ella.

Junto con la alegría de la madre del joven, el texto resalta la alegría y el estupor que surge en el pueblo que acompañaba a la viuda: "un gran profeta ha surgido. Dios ha visitado a su pueblo·. La fe en Jesús surge a partir del signo que ha realizado, y en ´le reconocen la presencia de Dios.

Que el Señor nos regale el don de la fe, y que podamos comprender el amor misericiordioso de Dios que está siempre en medio de su pueblo, y que sufre ante las injusticias de los hombres. Buen domingo.





1 comentario:

Anónimo dijo...

hermosa la forma de explicar este pasaje evangelico llena el seo de hacer algo por los demás gracias
carlos cuenca ecuador

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