En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

viernes, 27 de enero de 2017

Bienaventurados


El Reino de Dios –o de los Cielos como gusta decir al evangelista Mateo- puede parecer un concepto abstracto, alejado, o anticuado. Sin embargo desde la propia Escritura podemos ver lo que éste significa realmente. El salmo 145 (7-10), nos da características propias del Dios que salva: mantiene su fidelidad, hace justicia a los oprimidos, libera, endereza, protege, sustenta, son los verbos que estructuran esta parte del salmo, y termina: “El Señor reina eternamente, reina tu Dios”.

El Reino de Dios es también una búsqueda, siguiendo al profeta Sofonías –que se lee como primera lectura este domingo- quien insta a buscar al Señor, y luego específica “busquen la justicia, busquen la humildad”. Justamente como camino que nos conduce al Reino esperado, y que lo encontramos en Jesucristo, que se “convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención” en palabras de san Pablo (1Cor 1,26-31) en la segunda lectura.

¿Cómo se manifiesta el Reino?. El mismo Jesús le responde a Pilatos que su reino, no es de este mundo. La manifestación concreta de la presencia de Dios en nuestras vidas, es la alegría. Una alegría que viene de Dios, y que se describen en las Bienaventuranzas que Jesús proclama a sus discípulos y a quienes quieren seguirlo (Mt 4,25-5,12). El camino de Jesús, y la alegría del evangelio –en palabras del Papa Francisco- no es la de este mundo, el camino de las Bienaventuranzas, es el camino de la esperanza para los sufrientes, oprimidos y pobres: a ellos les pertenece el Reino. Pero también el Reino pertenece a los que activamente son misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos por practicar la justicia.

Podríamos decir, en el contexto trágico de los incendios en nuestro país, que son bienaventurados todos aquellos compatriotas nuestros que sufren porque Dios está con ellos, como también lo son todos aquellos que colaboran de distintas maneras, no sólo a controlar directamente la catástrofe, sino que también aquellos que oran y trabajan por la paz social de nuestro país que tanto lo necesita.

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