En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Ungidos por el Espíritu Santo


Vivimos una época en que se van perdiendo los signos, las instituciones no tienen credibilidad, y se busca sin embargo sentirse identificado por algo o alguien. Para los cristianos también esto se torna una búsqueda de mayor identidad de lo propio, pero ¿cuál es el sino distintivo del cristiano?, el mismo Jesús nos dice que el signo distintivo de sus discípulos es el amor mutuo, “en esto conocerán que son mis discípulos, en que se amen unos a otros”, “si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos”.

¿Cómo cumplir con este mandamiento del amor de Jesús?, no es por cierto una tarea sencilla, hay que poner toda la virtud, las cualidades humanas que cada uno tiene para ser testigos del amor en el mundo. Pero no basta con nuestro empeño y nuestras cualidades, éstas deben ser fortalecidas por el Espíritu Santo de Dios. Por eso Jesús promete a sus discípulos que rogará a su Padre para que envíe el Espíritu de la Verdad sobre ellos.

En las primeras comunidades cristianas, como lo testimonia los Hechos de los apóstoles, los discípulos recibían el Espíritu con la imposición de manos de los Apóstoles, y de esta manera quedaban ungidos para vivir con valentía su vida cristiana. Hoy también a través de los sacramentos, en especial de la Confirmación, el cristiano se fortalece en su caminar de fe, en la unción de los enfermos, éstos se ven perdonados de sus pecados y animados en su esperanza. Pidamos para nuestra Iglesia un tiempo de mucha unción en el Espíritu Santo, un nuevo Pentecostés sobre nuestras comunidades.

domingo, 30 de abril de 2017

La Iglesia y los trabajadores




Al celebrar una nueva conmemoración del día del trabajador, fecha que recuerda la represión que culminó en la muerte de los trabajadores en Chicago (EE.UU) a fines del siglo XIX, quisiera retomar algunas palabras del Cardenal Silva Henríquez, en el contexto de la conmemoración del primero de mayo. Decir que la Iglesia ha asumido esta conmemoración de los trabajadores (no del “trabajo”), con la Fiesta litúrgica de San José Obrero –además de la fecha del 19 de marzo donde también se le celebra- para recordar que el papá terrenal de Jesús, era carpintero. En palabras del Cardenal Silva Henríquez: “La Iglesia no olvida su cuna. Su fundador y cabeza, Jesús, el Esposo de la Iglesia, el Dios hecho hombre que ella adora y sirve, era conocido como el hijo de José, el carpintero de Nazaret” (Homilía 1 de mayo 1979).

En otra oportunidad el Cardenal decía: “El derecho del hombre a trabajar no puede, sin embargo ser ejercido de cualquier manera. No basta que el hombre trabaje: es preciso que trabaje humanamente, es decir: como imagen y semejanza de Dios” (Card. Silva Henríquez, homilía 1 mayo 1977).

Estos pensamientos del Cardenal Raúl Silva Henríquez, siguen vigentes en la realidad actual de la Iglesia y del mundo de los trabajadores. La Iglesia, no puede olvidar su humilde origen en José de Nazaret, y por lo tanto debe volver una vez más al pueblo, y a los trabajadores. Y por otra parte volver a reivindicar el derecho al trabajo digno para todos, para que todos puedan vivir una vida a “imagen y semejanza” de Dios, según la voluntad del Creador, que todos puedan vivir la Justicia social en nuestra tierra. Feliz día a los trabajadores de Chile y del mundo.

viernes, 21 de abril de 2017

Mártires de hoy




Hace sólo una semana hemos celebrado con toda la Iglesia, la Semana Santa que concluyó con la gran Vigilia Pascual que anticipa el domingo de Pascua de Resurrección, la festividad más importante del calendario litúrgico de la Iglesia. La semana santa había comenzado el domingo precedente con la celebración de Ramos, con la tradicional procesión y bendición de los ramos que recuerdan la entrada de Jesús en Jerusalén.

Este domingo de ramos, sin embargo se vio tristemente marcado por un atentado en contra dos iglesias Coptas en Egipto, en manos del Estado Islámico (conocido como Isis) muriendo más de 40 personas que profesaban su fe. Ellos son mártires que unen su sangre a la derramada por Cristo en la cruz, y esperan con fe la resurrección futura con el mismo Jesús.

En un tiempo en que se habla tanto de tolerancia y no discriminación, es triste ver como noticias como estas no tienen tanta cobertura como en otros casos. Nos unimos a la distancia con los hermanos cristianos coptos, para que esta antigua Iglesia, que ha permanecido siglos en Egipto a pesar del aislamiento y de las persecuciones, puedan vivir su fe con esperanza y dignidad.

Hacemos votos para que se vean fortalecidos con la próxima visita del Papa Francisco a su país, y que en medio del dolor y de la intolerancia, su testimonio nos fortalezca a los cristianos de todas las denominaciones y de todo el mundo

jueves, 6 de abril de 2017

¿Crees esto?




En tiempos como los que vivimos, no siempre se hace fácil evidenciar nuestra fe. Producto del descrédito de la institución eclesial, de la indiferencia generalizada, el individualismo fruto del sistema económico, la secularización de nuestra sociedad occidental. La fe parece no ocupar un espacio relevante en la vida cotidiana. Sin embargo, la sed de trascendencia, de lo espiritual del ser humano se abre camino con nuevas expresiones.

El ser humano quiere ser feliz y comprendido, no queremos más abusos, ni engaños, no más violencia, ni muerte. Nosotros como seguidores de Jesús, debemos mirar el mundo con la mirada de Jesús, una mirada contemplativa: capaz de reconocer y valorar el gran regalo de la vida que se nos da, como un don y como una tarea.

Jesús no se quedaba sólo en el templo, sino que caminaba por las ciudades y pueblos anunciando que la vida tiene sentido en Dios, san Pablo dirá: “Si Cristo vive en ustedes, aunque el cuerpo esté sometido a la muerte a causa del pecado, el espíritu vive a causa de la justicia” (Rom 8,8). Jesús ha venido a darnos la vida en plenitud, por esto le dice a las hermanas de Lázaro (su amigo que había fallecido): “Yo soy la resurrección y la vida, quien cree en mi, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. A pocos días de celebrar una nueva Semana Santa, volvemos a estar invitados por el Señor, a profesar nuestra fe en Él, que s la Resurrección y la Vida: ¿crees esto?.

jueves, 2 de marzo de 2017

El diablo y el pecado social



Evangelio según San Mateo 4,1-11.
Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio.
Después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, sintió hambre.
Y el tentador, acercándose, le dijo: "Si tú eres Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes".
Jesús le respondió: "Está escrito: El hombre no vive solamente de pan, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios".
Luego el demonio llevó a Jesús a la Ciudad santa y lo puso en la parte más alta del Templo,
diciéndole: "Si tú eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: Dios dará órdenes a sus ángeles, y ellos te llevarán en sus manos para que tu pie no tropiece con ninguna piedra".
Jesús le respondió: "También está escrito: No tentarás al Señor, tu Dios".
El demonio lo llevó luego a una montaña muy alta; desde allí le hizo ver todos los reinos del mundo con todo su esplendor,
y le dijo: "Te daré todo esto, si te postras para adorarme".
Jesús le respondió: "Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él solo rendirás culto".
Entonces el demonio lo dejó, y unos ángeles se acercaron para servirlo.
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El miércoles recién pasado, con la imposición de cenizas, hemos comenzado el tiempo de Cuaresma que nos recuerda el paso de Jesús por el desierto antes del inicio de su ministerio. Son cuarenta días en que enfatizamos la oración, el ayuno y la caridad, expresada ésta última en la tradicional “Campaña de Cuaresma de Fraternidad” que este año está destinada a los adultos mayores.

Esta semana hemos tenido la información, entre otras noticias, de una casa en el sector de Alerce (Puerto Montt), con supuestos fenómenos paranormales. Esto ha movilizado a parte de la prensa, haciendo de esto un nuevo show mediático –tal vez añorando los días de festival- buscando el morbo típico de estas situaciones. Dijeron que era el Demonio, entre otras cosas. En el texto del evangelio de este domingo (Mt 4, 1-11), es el mismo Satanás que tienta a Jesús en el desierto: “convierte las piedras en pan; lánzate desde el Templo, que los ángeles te recogerán; te daré el poder sobre los reinos y su riqueza, si me adoras”. Las tentaciones del placer, del poder y de la riqueza, vuelven una y otra vez al ser humano y de distintas formas.

No sabemos que pasaba en aquella casa de Puerto Montt, pero comparto plenamente la opinión del padre Luis Escobar de Rancagua (único autorizado por la Santa Sede para realizar exorcismos): “en estos casos hay que partir siempre desde la razón, ya que muchos de estos fenómenos tienen explicaciones racionales”. Pero siguiendo a Jesús, que derrotó las tentaciones del Maligno, el padre Escobar señalo que “Si quieren ver al diablo, mírenlo alrededor de ustedes y no se distraigan con estos shows: Las drogas se están comiendo a los jóvenes, los adultos mayores se están muriendo en los hospitales y las pensiones no alcanzan”. Las tentaciones que Jesús sufre en el desierto se vuelven a manifestar en el pecado social, en las injusticias, en la violencia, en la muerte del inocente, no en una taza que se cae o una lámpara que se mueve.

viernes, 27 de enero de 2017

Bienaventurados


El Reino de Dios –o de los Cielos como gusta decir al evangelista Mateo- puede parecer un concepto abstracto, alejado, o anticuado. Sin embargo desde la propia Escritura podemos ver lo que éste significa realmente. El salmo 145 (7-10), nos da características propias del Dios que salva: mantiene su fidelidad, hace justicia a los oprimidos, libera, endereza, protege, sustenta, son los verbos que estructuran esta parte del salmo, y termina: “El Señor reina eternamente, reina tu Dios”.

El Reino de Dios es también una búsqueda, siguiendo al profeta Sofonías –que se lee como primera lectura este domingo- quien insta a buscar al Señor, y luego específica “busquen la justicia, busquen la humildad”. Justamente como camino que nos conduce al Reino esperado, y que lo encontramos en Jesucristo, que se “convirtió para nosotros en sabiduría y justicia, en santificación y redención” en palabras de san Pablo (1Cor 1,26-31) en la segunda lectura.

¿Cómo se manifiesta el Reino?. El mismo Jesús le responde a Pilatos que su reino, no es de este mundo. La manifestación concreta de la presencia de Dios en nuestras vidas, es la alegría. Una alegría que viene de Dios, y que se describen en las Bienaventuranzas que Jesús proclama a sus discípulos y a quienes quieren seguirlo (Mt 4,25-5,12). El camino de Jesús, y la alegría del evangelio –en palabras del Papa Francisco- no es la de este mundo, el camino de las Bienaventuranzas, es el camino de la esperanza para los sufrientes, oprimidos y pobres: a ellos les pertenece el Reino. Pero también el Reino pertenece a los que activamente son misericordiosos, los que trabajan por la paz, los perseguidos por practicar la justicia.

Podríamos decir, en el contexto trágico de los incendios en nuestro país, que son bienaventurados todos aquellos compatriotas nuestros que sufren porque Dios está con ellos, como también lo son todos aquellos que colaboran de distintas maneras, no sólo a controlar directamente la catástrofe, sino que también aquellos que oran y trabajan por la paz social de nuestro país que tanto lo necesita.

jueves, 19 de enero de 2017

Estar con la Misión de Jesús




Evangelio según San Mateo 4,12-23.




Cuando Jesús se enteró de que Juan había sido arrestado, se retiró a Galilea.
Y, dejando Nazaret, se estableció en Cafarnaún, a orillas del lago, en los confines de Zabulón y Neftalí,
para que se cumpliera lo que había sido anunciado por el profeta Isaías:
¡Tierra de Zabulón, tierra de Neftalí, camino del mar, país de la Transjordania, Galilea de las naciones!
El pueblo que se hallaba en tinieblas vio una gran luz; sobre los que vivían en las oscuras regiones de la muerte, se levantó una luz.
A partir de ese momento, Jesús comenzó a proclamar: "Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca".
Mientras caminaba a orillas del mar de Galilea, Jesús vio a dos hermanos: a Simón, llamado Pedro, y a su hermano Andrés, que echaban las redes al mar porque eran pescadores.
Entonces les dijo: "Síganme, y yo los haré pescadores de hombres".
Inmediatamente, ellos dejaron las redes y lo siguieron.
Continuando su camino, vio a otros dos hermanos: a Santiago, hijo de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca con Zebedeo, su padre, arreglando las redes; y Jesús los llamó.
Inmediatamente, ellos dejaron la barca y a su padre, y lo siguieron.
Jesús recorría toda la Galilea, enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y dolencias de la gente.
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El pueblo que caminaba en las tinieblas ha visto una gran luz”, comienza diciendo el profeta Isaías en la primera lectura de este domingo, e insiste que en “el país de la oscuridad ha brillado una luz”. Esto provoca alegría, gozo en el pueblo. El salmo nos los recordará con mayor claridad: “El Señor es mi luz y mi salvación, a ¿quién temeré?”. Todavía más, san Pablo en la carta a los Corintios, nos enfoca aún más en el que es el centro y consumador de nuestra fe: Jesucristo, la Buena Noticia que Dios Padre nos ha querido comunicar.

El texto del evangelio de Mateo – que leeremos casi continuadamente este año- relata el inicio del Ministerio de Jesús, que parte con el arresto de Juan Bautista, y con la invitación a la conversión por parte de Jesús: “Conviértanse, porque el Reino de los Cielos está cerca” (Mt 4,12-23). El anuncio del Reino será clave en todo el ministerio de Jesús. El Reino se acerca en la medida que lo aceptamos y lo acogemos en nuestras vidas. En cuanto los criterios del evangelio son los que rigen nuestras acciones, el Reino llega a nuestro mundo. Cuando aceptamos y acogemos a Jesús como la luz y la salvación de nuestras vidas y para toda nuestra sociedad.

Jesús llama a sus primeros discípulos: Pedro y su hermano Andrés; Santiago y Juan, ellos dejan sus labores y lo siguen: “dejaron sus redes y lo siguieron”, es la expresión usada por el evangelista Mateo. Las redes no sólo representan su trabajo, sino también su estabilidad, sus propias seguridades, el depender de ellos mismos. Dejar las redes significa abandonar las seguridades para entregarse a la misión de Jesús: El anuncio del Reino.
Pidamos a Dios, para que muchos se comprometan en esta misión salvadora del Señor, especialmente en la vida consagrada, religiosa y sacerdotal.