En este Blog encontrará reflexiones sobre la Palabra de Dios, a partir de los textos del evangelio de la Liturgia Dominical. Además de comentarios sobre la Iglesia y sus testigos. Quiere ser una ayuda en el seguimiento de Jesús en la Iglesia desde el sur del mundo.

jueves, 18 de agosto de 2016

La puerta estrecha

 


Evangelio según San Lucas 13,22-30.



Jesús iba enseñando por las ciudades y pueblos, mientras se dirigía a Jerusalén.
Una persona le preguntó: "Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?". El respondió:
"Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán.
En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: 'Señor, ábrenos'. Y él les responderá: 'No sé de dónde son ustedes'.
Entonces comenzarán a decir: 'Hemos comido y bebido contigo, y tú enseñaste en nuestras plazas'.
Pero él les dirá: 'No sé de dónde son ustedes; ¡apártense de mí todos los que hacen el mal!'.
Allí habrá llantos y rechinar de dientes, cuando vean a Abraham, a Isaac, a Jacob y a todos los profetas en el Reino de Dios, y ustedes sean arrojados afuera.
Y vendrán muchos de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur, a ocupar su lugar en el banquete del Reino de Dios.
Hay algunos que son los últimos y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos".
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Hace algunos días atrás falleció en Santiago, un joven sacerdote diocesano, no le conocí, pero a través de los medios me enteré que estudiaba en Roma cuando le detectaron un cáncer, que había conocido al Papa Francisco y éste lo llamó a su casa en Chile, al enterarse de su enfermedad. El padre Francisco Rencoret, en una entrevista dada a un canal de televisión, dijo que para él más que la sanación buscaba la salvación, porque era un encuentro integral con Dios.

En el evangelio de este domingo (Lc 13, 22-30) a Jesús le preguntan si es verdad que son pocos los que se salvan. El Señor invita a entrar por la puerta estrecha, porque muchos querrán entrar y no lo conseguirán. Es nuevamente -como en los últimos domingos- un lenguaje duro, el camino del evangelio es un camino de salvación, pero que no excusa la cruz, ni el sacrificio. En una época que busca el éxito fácil y al menor costo posible, las palabras de Jesús pueden parecer extrañas y anacrónicas. Pero el mensaje evangélico nos llama a la radicalidad y a vivir contracorriente, no con los criterios del mundo, sino con los de Jesús.

A los hombres de su tiempo, que se creían seguros de su religión y de sí mismos, Jesús les dirá que vendrán muchos de occidente y del oriente, del norte y del sur a ocupar sus puestos en el Reino de Dios. De esta forma los llama a estar despiertos y alertas para entrar al banquete del Reino.

De esta forma entenderemos aquello de que : “Hay algunos que son los últimos, y serán los primeros, y hay otros que son los primeros y serán los últimos”. La lógica de Dios, no es la lógica de los hombres.

El padre Francisco Rencoret ha entrado por la puerta estrecha y disfruta en el Banquete eterno de su Señor, en quien creyó y confió. Gracias por tu testimonio que nos alienta a seguir con mayor fuerza a Jesús.

jueves, 28 de julio de 2016

¡Cuidense de toda avaricia!




Cada semana se pasa a prisa, y así los meses, los años, la vida. “Cada día tiene su afán”, dice el dicho –tomado del evangelio- y cada cierto tiempo deberíamos preguntarnos: ¿en qué nos esforzamos?, ¿cuáles son nuestros afanes e intereses?. Ante una sociedad de corte capitalista e individualista el sabio Qohelet (primera lectura: Ecl 1,2;2,21-23), nos dirá, no sin cierto pesimismo, ¡Vanidad, todo es vanidad!. Era todo un anti sistémico este autor del Antiguo testamento.

El Salmo de la liturgia de este domingo (Sal 89), nos indica una pista en el camino de la vida: La Sabiduría. “Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance sabiduría”, es el Señor el que nos sacia con su Amor y nos da la felicidad, y al tener el corazón y la mente en Él, nuestras obras serán prosperas.

San Pablo (Carta a los Colosenses 3,1-5.9-11), nos va a animar a buscar los bienes del Cielo, aquello que no se agota, que no nos será quitado, vivir en Cristo, con Dios. Despojarnos del “hombre viejo” y de sus obras para revestirnos del “Hombre nuevo”, que avanza en el conocimiento de Dios.

Finalmente en el evangelio (Lc 12, 13-21), cuando se le acercan a Jesús para pedirle que sea juez y reparta los bienes entre unos hermanos, él les advierte del peligro de la avaricia, porque la vida del hombre no está asegurada en sus riquezas. En un tiempo en que el pueblo alza su voz ante un sistema injusto y arbitrariamente impuesto (AFP en Chile), que busca la acumulación de las riquezas de unos pocos frente a la miseria de los pensionados, Jesús nos dice: “No hay que acumular para sí, sino ser ricos a los ojos de Dios”.

sábado, 16 de julio de 2016

La rebeldía de la fe


El texto de evangelio de Lucas conocido por el nombre de las hermanas de Lázaro: “Marta y María”, (Lc 10, 38-42), en que las dos hermanas se preocupan por recibir a Jesús, una (Marta) en hacer los quehaceres de la casa, y la otra (María) en sentarse a los pies del Señor para escucharlo. La primera le reprocha a su hermana el que no le ayude, y se lo dice a Jesús. Él sin embargo le hace ver que la opción de María es la más necesaria y que no le será quitada.

“Te agitas por tantas cosas, y sin embargo una sola es necesaria”, son las palabras de Jesús a Marta. La lectura nos ayuda para pensar hoy nosotros en las cosas en las que nos afanamos, a aquello que le dedicamos más tiempo y esfuerzo. ¿En qué desgastamos nuestra vida?, ¿en qué nos empeñamos y esforzamos?. María, se transforma en ejemplo de discipulado porque se sienta a los pies del Maestro para escuchar su enseñanza, porque ha escogido la parte necesaria y que no le será quitada, ella ha optado por Jesús y su mensaje, ha elegido aquello que no le será quitado y que le da sentido a todo lo demás.

Volver la mirada a lo esencial, a lo más importante, al Absoluto de Dios, en tiempos de tanta decepción, de tanta incertidumbre, en que las instituciones y quienes las representan han entrado en crisis, pareciera que la rebeldía más grande está en optar por lo más necesario, aquello que no nos será quitado: la persona de Jesús y su mensaje, su Reino de Justicia y de Paz.

jueves, 14 de julio de 2016

La misericordia: desafio cristiano

 
Se nos presenta una de las lecturas más conocidas y comentadas del evangelio: el buen samaritano (Lc 10,25-37). Sin embargo su actualidad y vigencia nos hace descubrir siempre cosas nuevas, por su gran riqueza espiritual.

Un maestro de la ley pregunta sobre lo que hay que “hacer” para alcanzar la vida eterna: la primera sorpresa es que Jesús, no dice que hay que hacer algo, no es el hacer lo primordial, sino que más bien lo remite a la Ley, a lo que está escrito, a la Palabra de Dios: Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con todo tu espíritu, y a tu prójimo como a ti mismo, esto es lo primero y lo más importante, no sólo saber lo que dice la Palabra de Dios, sino que profundizarlo en nuestro corazón, Jesús le pregunta por lo que está escrito, y como lo lee, es decir como hace propio aquello que está escrito, el leer la Palabra de Dios debe significar un verdadero encuentro con Él que nos lleva al actuar, tanto es así que Jesús le dice que haciendo esto tendrá la vida eterna.

Pero esto no significa que no sea importante el hacer, por el contrario, la “parábola del Buen Samaritano”, nos va a indicar el camino de la misericordia. Dios es Misericordia, esta es su característica principal (que en este año la Iglesia quiere resaltar). Pero la Misericordia no es una idea abstracta, sino una realidad concreta con la cual Dios revela su Amor.

¿Quién es mi prójimo? -pregunta el maestro de la ley- y Jesús comienza con el relato del buen samaritano. Que cuenta la historia de un hombre que baja desde Jerusalén, es un hombre cualquiera, no especifica nada más, el amor al prójimo no tiene barreras de ningún tipo, toda persona es mi prójimo. El sacerdote y el levita van muy apresurados para poder ejercer la misericordia con su prójimo. En cambio, cuando relata las acciones del samaritano las detalla minuciosamente: tuvo compasión, se acercó, le curó las heridas, le puso vendas, lo subió a su cabalgadura, lo llevó a un alojamiento y lo cuidó. Todavía al día siguiente procuró por su futuro. Las acciones de la caridad son muchas y el evangelio nos quiere dejar claro esto, nos muestra con que cariño el samaritano se hace prójimo del que está en necesidad.

Por segunda vez es Jesús quien pregunta: ¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?, el que tuvo misericordia, el samaritano y Jesús nos vuelve a decir a nosotros hoy: "Ve, y haz tú lo mismo". La Iglesia tiene la misión de anunciar la Misericordia de Dios.

jueves, 30 de junio de 2016

¿Para qué la Iglesia?



Podríamos preguntarnos en estos tiempos en que los intereses de la mayoría aparentemente no buscan lo espiritual. En más, aún buscando lo espiritual, pareciera que tampoco se encuentra en la Iglesia, o religiones en general, el poder saciar el deseo de trascendencia. Muchas veces la Iglesia aparece como una institución que busca sólo perpetuar sus propios intereses.

El Señor Jesús manifiesta una clara voluntad de fundar una comunidad eclesial, donde se pueda vivir comunitariamente la fe, y que tiene un despliegue histórico, y que por cierto, está marcado por esa historia. El texto de este domingo (Lc 10, 1-12.17-20), nos presenta a Jesús designando y enviando a setenta y dos discípulos, para anunciar el Reino de Dios. Un grupo distinto a los “Doce”, a los que ya había llamado.

Jesús envía a estos discípulos misioneros como “ovejas en medio de lobos”, esto quiere decir en medio de dificultades y obstáculos. Los envía “sin dinero, provisiones, ni calzado”, como para indicar la importancia de colocar la confianza no en esas cosas, sino en Dios. Los manda con un mensaje de paz para las casas y ciudades donde los reciban, para que esa paz permanezca en ellos. Los envía con el poder del Espíritu Santo para que sanen los enfermos, como signo de la cercanía del Reino de Dios que deben anunciar.

Los discípulos regresan llenos de gozo, porque “hasta los demonios fueron sometidos al Nombre de Jesús”. Jesús reconoce su labor misionera, pero los invita a que no se alegren por la victoria sobre el mal (que finalmente es de Dios), ni por éxito pastoral obtenido, sino porque sus nombres “serán inscritos en el Libro de la Vida”, es decir que sus vidas están en Dios. Esta es la misión de la Iglesia, anunciar la Alegría del Evangelio, proclamar el Amor misericordioso de Dios para con la humanidad, y en la medida que pueda dar testimonio de esto, tendrá sentido la misma Iglesia.

sábado, 11 de junio de 2016

El alegre anuncio del Perdón



El texto del evangelio de Lucas (7, 36-8,3) que se nos presenta para este domingo, es uno de aquellos que nos reflejan con claridad y fuerza el corazón de Jesús.

Un fariseo invita a Jesús a cenar, un acto de cordialidad hacia una persona que se considera y se estima, aún cuando Simón, el fariseo, no realiza ninguna de las actitudes que se acostumbraban hacer a los invitados. Es una escena en que sólo deben estar varones que seguramente querían hablar sobre grandes problemas teológicos con el "maestro" (aunque lo más probable es que precisamente lo que quieren probar ellos era que Jesús no lo era). Es en este contexto que irrumpe una mujer -que no estaba invitada- a un lugar donde no debe estar, más aún que tiene fama en el pueblo de “pecadora”, y realiza una serie de acciones de adoración a Jesús: le lava los pies (con sus lágrimas), se los besa y unge con perfume. Es un hecho fuerte y desagradable seguramente para los demás comensales, pero que a la vez les da la oportunidad para "darse cuenta" que Jesús no es un profeta, según los criterios cerrados de su lógica del juicio.

El fariseo, cerrado en ésta lógica, no es capaz de entrar en relación ni con Jesús, ni con la mujer, a ambos los mira con cierto desprecio: a ella por pecadora, a él por no darse cuenta de que lo es, y por lo tanto ser un falso profeta. El pensamiento del fariseo es de juicio hacia los demás, y de no-diálogo, por eso es que ni siquiera expresa aquello que está pensando, no se relaciona con los demás con verdad y sinceridad.

Jesús con una pequeña parábola, pone en confrontación a la lógica del juicio farisaico, la lógica del amor gratuito y del perdón de Dios, que rompe con nuestras barreras egoístas y cerradas. El amor y el perdón van unidos. El amor arrepentido de la mujer al encontrarse con Jesús le da el perdón, pero Dios la ha amado primero. Ella ha actuado con sinceridad frente a este amor de Dios que ha sentido en ella y la ha impulsado a hacer lo que hizo, aún en contra de las tradiciones de su época. Sólo quien se despoja de las apariencias y vanidades de este mundo puede encontrar el amor que Dios tiene por cada uno.

Jesús ama a la mujer arrepentida, pero también a Simón, el fariseo, a quién le muestra el camino del Amor gratuito, de la compasión por los que sufren y los pecadores. Jesús busca que los seres humanos nos relacionemos con sinceridad y desde la verdad, por eso él no se cierra al diálogo con los demás. Por una parte, enseña al fariseo que debe traspasar las fronteras de su pequeño mundo de "justos" y abrir su corazón al Dios-Amor y a sus semejantes; Por otra parte, a la mujer, a quien mira como persona y no por sus "pecados", le habla con palabras de perdón. Jesús se relaciona desde la verdad con ambos, perdonando, enseñando, buscando restablecer la fraternidad querida por Dios.


Que la experiencia con el Dios Misericordioso que nos muestra Jesús, y que queremos reforzar en este año Jubilar de la Misericordia, nos ayude a ser también nosotros “Misericordiosos como el Padre”.

jueves, 2 de junio de 2016

Jesús se conmueve



La Iglesia está celebrando durante este año un tiempo especial: un año Jubilar, es decir un tiempo de gozo, de alegría, y que está enfocado a la Misericordia. La misericordia es más que una característica esencial de Dios, podríamos decir que es la definición de Dios, del Dios cristiano.

El Dios bíblico, en un progreso pedagogico se va revelando como Dios Amor: Creador y Liberador, que acompaña a su Pueblo en todas sus vicisitudes, y a pesar de sus debilidades e infidelidades, Dios es siempre fiel y misericordioso.

¿Qué significa la Misericordia?. La palabra latina: “misericordia” quier decir, “tener el corazón con los pobres”, “sentir afecto por los que sufren”. La misericordia denota la actitud de quien trasciende el egoísmo y el egocentrismo y tiene su corazón para los demás, en especial quienes sufren miserias.

En Jesús la misericordia, no sólo encuentra su máxima expresión, sino que se hace carne. “Tanto amó Dios al mundo, que envió a su Hijo al mundo para darnos la Vida eterna”. El texto del evangelio de Lucas (7, 11-17), que escucharemos este domingo, nos muestra en la resurrección del hijo de la viuda, que el amor compasivo de Jesús, no sólo es afectivo, sino que también es efectivo. Denotan las entrañas de misericordia del Señor, quien se conmueve ante el sufrimiento de una mujer que ha perdido a su único hijo.


Que el mismo Señor nos regale a nosotros el Don de poder descubrir y conmovernos ante el sufrimiento de los demás.